LA POESÍA DE FRAN LOREAJÁN


 


LO RECUERDO COMO SI FUERA HOY…


Era en primavera,
justo cuando las hojas caídas renacían por fin,
y en el cielo se adivinaban lágrimas en forma de lluvia.

Sí, lo recuerdo bien
el sonido de un suspiro retumbaba en el fondo del arroyo
recorrido por centenares de luces distorsionadas por el viento.

Es curioso, te veo allí
y tanto el uno como el otro sabemos lo incierto del momento
vivido sin vivir sintiendo su latido inexistentemente presente.

Una sonrisa nace en mi interior
al comprobar que tu aroma de entonces pervive en mi nostalgia
tal y como lo soñaba en mis noches erráticas por el devenir del tiempo.

A veces me sorprendo
hablando al joven perdido en su inocencia como si fuera posible
revocar la irresistible cortina de plomo que surca cada instante.

Era en otoño, ¿recuerdas?
y el patriarca de los árboles desterraba a las hojas al hastío
derramando savia ignorancia más allá de los límites del cielo.

Eran tus ojos
una estrella incandescente de sueños emergentes del deseo
y el parpadeo sellaba el contrato tutelado por la aurora desvelada.

Como contar sin perder algo en el intento
tantas ilusiones desbordadas en la riada del silencio
más allá del corazón ensangrentado de esperanzas.

Era invierno, una tarde soleada
y cantaban los niños de las aceras la melodía del misterio
entre porciones de la tarta de piel de una gallina sin miedo.


No estoy seguro
pero quiero pensar que el violín de un ruiseñor destilaba
las notas acompasadas de un examen de conciencia.

No, no es difícil de saber
que mi cuerpo se estremecía de recordar sin haberte conocido
la culminación de un anhelo añorando tu ausencia.

Era una loca noche de verano
y la pasión nacida en mis entrañas veía la luz tras una latencia
encubierta en la dureza de un rostro a la sombra de su inseguridad.

Las dudas son certezas
si navegas en un océano sincero de aguas profundas y claras
y las flores de coral se rinden a la evidencia de mi suerte.

Quizá no fuese primavera,
ni otoño, ni invierno, ni verano…
pero lo cierto es que recuerdo como si fuera hoy
el ayer que cambio para siempre el color del lienzo 
en el que cada día se dibuja la sonrisa
de la felicidad de haberte conocido.

Fran Loreaján


 

MIRABA

 

Miraba al frente
sin miedo al reto de vivir
sin sombras de reproches ajenos
sin pudores reprimidos
sin dudas escondidas
sin apartar los ojos al destino
sin envidias dementes
sin deseos por sentir
sin caricias que soñar

Miraba al presente 
con duelos sin compartir
con regustos amargos
con desencantos mojados
con luces amarillas
con desvanes cerrados
con comidas calientes
con esperas por decir
con recuerdos que contar

Miraba al frente
sin gracias por reír 
sin otoños aturdidos
sin silencios discretos
sin renunciar a la lucha
sin cantores culpados
sin historias decentes
sin rencores que dormir
sin tormentas por llegar


Miraba al presente
con espadas por blandir
con colores avivados
con romeos desolados
con demoras y escuchas
con celos desquitados
con sabores distantes
con caminos por seguir
con amores por probar


Miraba al frente
y sonrió feliz
y cruzó lo prohibido
y soñó contigo
y sintió sin prisas
y durmió tranquilo
y miraba al presente
y cantó al vivir
y supo amar.

Miraba al frente
y encontró tu presente…
miraba al presente
y descubrió su suerte.

Fran Loreaján

 

                              

 

                           SOY …

Soy el cantor de lo antiguo y lo nuevo,
en busca del ayer de un mañana sin miedo,
soy el soñador de historias propias y ajenas
que añora el color de cenizas calladas.

Soy el mentor de la sinrazón del verbo,
sintiendo espasmos de razón olvidada,
soy el amante de la locura del verso,
poeta cansado de morir en la madrugada.

Soy el guardián de la noche pasada,
vigilando el neón en su jaula encumbrada,
soy el sereno de la tormenta que espera
el bramido del viento tras de una quimera.

Soy el que ya no es cuando cierra los ojos,
y abandona la esencia de nacer al destino,
soy el que olvida cada día a su antojo
y recuerda consciencias por nuevos caminos.

Soy el que escribe cuanto habéis leído,
y calla todo lo que hubierais querido,
soy el silencio tras la palabra pronunciada,
soy el que ama cada instante a su amada.


                    
Fran Loreaján

   

TE ESPERARÉ


Te esperaré al otro lado
sin las prisas del que busca en la distancia,
al final de los recuerdos y deseos
en el más lejano de mis días,
te esperaré junto al frío y la nostalgia
en el jardín de la casa del pasado,
sin codicias de otros cuerpos
en el juego de las risas de la huida,
te esperaré donde se acaba el tiempo
y el silencio rompe la monotonía,
a caballo del rocín del mediodía
junto al cielo que navega con tu aliento,
te esperaré en camisa de arriero
porteando el perdón de mis pecados,
en el sitio de la vuelta a mi descanso
con el sueño de vivir siempre a tu lado.

Espérame al otro lado
con las ganas del que quiere sin complejos,
más allá del confín de tus anhelos
en la noche que unimos nuestros retos,
espérame junto al país de las cenizas
que volaron tras los pájaros del misterio,
sin dejarte arrastrar por las mentiras
en el parque que amparaba nuestros bríos,
espérame donde muere el invierno
y el tambor de mis latidos anuncie la alborada
al abrigo de la capa de hilo tierno
enhebrada con la magia que se esconde en tu mirada,
espérame con los encajes de tu pecado
sin remordimientos con sabor a hipocresía
en la puerta abierta de tus fantasías
con la suerte que renace a tu lado.


                    Fran Loreaján

   NACIDOS PARA MORIR


Colores de infancia perdida
se esconden en las sombras del tiempo
que sin descubrir "el dorado" vuela
hacia la sinrazón de la nostalgia.
Destellos de miradas olvidadas
cubriendo el calor de la despedida
en un caballo salvaje trotando al viento
desmelenado en su carrera de silencio.

El despertar a la vida sin reparos
deshojando margaritas resecas de impaciencia
en el sin vivir de la vida solitaria y marchita
de un ocaso que amanece a la deriva.
Campanillas de aromas desprendidos
del trapecio de sabores a rutina
acompasan la armonía del desprecio
recorrido por la caricia de un recuerdo.

El niño de ayer murió el próximo verano,
sin llegar a conocer su ancianidad,
con las arrugas del invierno perdido
sin beber el zumo de la felicidad.

El naufragio en el ocaso de los sueños
regurgita las historias que nunca se escribieron,
recogidas en el pasillo de los cantos del olvido
en rincones de batallas que perdieron.
Sonrisas que borraron los malditos
enervando las calderas del luto por la vida,
cubriendo de bostezos y delitos
el amanecer a la luz de la despedida.

El ocaso apagando la tierna infancia
entre sombras de colores y recelos,
la nostalgia se duerme en sábanas de seda
que arañan la piel reseca de la espera,
Las campanas tocan el sonido del silencio
que acompaña a los músicos de la despedida,
el regreso al comienzo de la ignorancia
de saber que la vida acaba cuando empieza.

El viejo del mañana nació el otoño pasado
sin saber nada de la verdad,
con las alergias a la primavera del destino
con la sed de la soledad.


                      Fran Loreaján