Las compré hace
muchos años
un buen día en una feria,
y aunque ya descoloridas
parece que siguen nuevas.
He andado muchos caminos;
y en sus nobles entretelas
he vislumbrado el destino
del hombre con poca tierra,
y aquí les he de contar
(por si alguien no supiera),
que mis nobles zapatillas
tienen virtud y nobleza.
La fama cruel que han tenido
no salió de mi cabeza
sino del halo que aroman
cuando se topan con ellas.
Eran tantos los olores
del cáñamo y la entretela,
que hasta mis pobres vecinas
se hacían cruces de pena.
Pasados ya siete años
se gastaron de las suelas
pero les hice un apaño
con un trozo de una rueda
Un día, por ir de boda,
las dejé bajo un arcón
y sufrieron dentelladas
por los dientes de un ratón.
Pasaron ese verano
estando bien ventiladas.
¡Tenía los pies fresquitos
de noche y por la mañana!