ALGO DE UN TODO      

 
 
 

A MI MAESTRO  

A José Antonio Jusdado, maestro de mi hijo, en el día de su jubilación como recuerdo de todas las cosas buenas que le enseño.
 

Ahora sumo, luego resto,
juego un poco, escribo y leo.
Salgo al patio, me divierto,
poco a poco aprendo y veo.


Mi compás, mi lapicero,
mis libros y mi cartera,
los fríos días de enero,
las lluvias de primavera.


Un compañero, un amigo.
Ingenuos juegos soñados.
Un recuerdo va conmigo.
¡Tiempos viejos anhelados!


Ilusiones compartidas;
afanes que de algún modo
evocan clases vividas,
y un gran recuerdo ante todo...


disciplina y cortesía,
gentilezas en su gesto,
mano firme y simpatía.
José Antonio, mi maestro.
 

José Luis Muñoz

 

   DON ELECTRÓN

Sentado tan ricamente
en su órbita libre estaba,
charlando tranquilamente
con un hueco que pasaba,
sobre temas de corriente.

Somos muchos, circulamos,
corremos con precaución,
en los circuitos estamos,
la fábrica iluminamos
y ayudamos al avión.

Don electrón así indica
a su amigo resurgente
lo que este término implica
y sabiamente le explica
qué significa corriente.

José Luis Muñoz

 

 

 

 

 

 

EL PESCADOR Y EL PEZ

 

Allá va cruzando el río
buscando peces de plata;
surcando el invierno frío
para acallar su hambre ingrata.

-Pescador mucho me temo
me salga la vida cara
si avanzas a flor de remo
entre el sedal y la jara-

-Cae en mi red, pez de plata,
que tengo por cosa clara
que el hombre su hambre no mata
a golpes de simple vara-

 

 

Lanza el pescador su anzuelo,
con soltura y mucha maña,
trazando un arco en el cielo
con el puntal de su caña.

El cebo, al fondo del río,
sorprende al pez no saciado
que ciego de hambre, con brío,
se lanza a darle un bocado.

- Libérame del anzuelo
pescador de mente clara.
Odio morir en el suelo,
entre el sedal y la jara -

- No te suelto pez amigo
pues es invierno y yo quiero
que haga mi mujer contigo
buena sopa en el puchero.
-Serás entero comido.
Tu fritura para el plato,
tu espina para el cocido,
y tus ojos para el gato-

Echa el pez en su mallero
y con presteza lo tapa.
Queda libre un agujero,
y, de un salto se le escapa.

Adiós amigo de enero.
Mi afán mediré con vara.
Vendré a buscar tu sendero
entre el sedal y la jara.

 


 

 

      

  SEGISMUNDO
       


Segismundo, viejo amigo;
mientras tu tocas el arpa
yo me peleo la vida,
que a sazón de palo otorga
experiencias a mi lira.

No te digo necedades
por más que tu ser lo finja,
pues las esquirlas que mueves
hieren el eco asonante
de la más pintada cítara.

Ten cuidado no te pongan
tras los cielos fantasías,
pues cuando asome el invierno
en los jardines de antaño,
serás cigarra y no hormiga.


José Luis Muñoz 20-12-00