Guardaba su gran
tesoro,
guardaba en su habitación,
sus juguetes, su ilusión,
y en una caja de oro,
sus zapatos de tacón.
Su imaginación volaba,
pues ella quería alcanzar
la gracia que ofrece el cielo
a quienes saben bailar.
Qué vuele libre tu esencia
junto al prado, bajo el sol.
¡Vuela libre niña mía,
que libre es tu corazón!
Y esa niñita pequeña
con ojitos como el mar,
de rubio pelo dorado
y corazón de cristal,
en las tardes florecidas
de una vida sin final
con delirio vistió su alma.
¡El sueño pudo alcanzar!