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 DE NUEVO

 

 

             VENUS

Me dices que no están en tu memoria
los ojos que blandieron aquel sueño,
que allende de tus montes y lugares
el vuelo te parece más ligero.

Me cuentas que tu valle marchitado
semeja a contrapelo el mármol seco
que diera, con su veta sonrosada,
la imagen de una Venus con el tiempo.

Mira; si grandes fueron tus vivencias
y en lágrimas trocaron esos besos,
del aire de tu boca hasta tu falda
te queda sólo un poso de silencio.

Tú sabes que fue un juego de miradas,
el lapso de tersura de un momento,
que el bronce que dilata madrugadas
se pierde a dentelladas; como el eco.

Por eso no son cielos ni son gloria
las lunas del misterio de tu cuerpo….
y todo pasa… o queda en la memoria;
como el silbo marmóreo de tu sexo.

José Luis Muñoz 19 – 09 - 03

 
 


      
SONETO DE BIENVENIDA

                            Para Alonso Castro Hernández.

Nuevo, como un suspiro sosegado
que a trazo de pincel al orbe aflora,
coronando su cáliz en la aurora
a este mundo, inocente tú has llegado.

Qué ilusión al sentirte acariciado
por la vida serena y soñadora,
qué alegría al saber que el alma llora
tan sólo por el júbilo esperado.

A tus pies este aliento que has nacido
te acompaña señero entre carmines
al futuro de un sueño ya certero

y esta suerte que al mundo te ha traído
te lleva de la mano a sus confines
llenándote de amores, compañero.


José Luis Muñoz 12 - 04 - 04

 

 

           A-DIOS


Cada golpe de pecho es una espina,
cada canto una farsa que se encona,
cada ruego una burla que perdona
no ser odio o ser viento en una esquina.

Cada tarde es un rezo que aprisiona
la verdad que no alcanza la pupila,
cada espejo una imagen que asimila
el bordado disfraz de la encerrona.

Todo sí es un no de clorofila,
todo puedo es un quiero que no llega,
el reír es un yugo que doblega
la intención que se pierde en la mochila.

Todo es un “acaso” que no brega.
La razón es un cielo anonadado,
y el “tal vez”, a oro y luz asemejado,
es el sueño inmortal que tanto ciega.
 

    José Luis Muñoz 05 – 05 - 04

               ATARDECER


Tras el vidrio espejado cae la tarde
musitando un adiós florido y seco.
Del balcón, adornado en cada alarde,
de luz, un rayo expira; como el eco,

y en la sombra la tarde se derrama
por caminos y aceras, y en el cielo
sólo el oro que queda a voces llama
a la noche que tibia roza el suelo.

Todo el gris renovado se dilata
como el plomo fundido a fuego lento.
Las palabras se pierden y retrata
la luna, con su voz, el firmamento.

En penumbra la estancia se adormece;
el sol, con sus persianas, ya está lejos,
y la tarde, acaso ida, palidece
reflejando su adiós en los espejos.


     José Luis Muñoz 12 - 05 - 04